ni esta forrada en damasco.
Es una silla que tiene
cuatro fuertes travesaños
para poder resistir el peso de su trabajo.
¡En la silla de la madre!
ni el padre por ser anciano,
ni aun los hijos se sentaron.
En aquella honrada casa
la silla era un Sagrario.
En ella durmió a sus hijos
al vaivén de su regazo.
Zurce en ella su ropa
remienda en ella sus trapos
y rodeada de sus hijos
en ella reza el Rosario.
Y a los suyos daba en ella
los consejos mas sagrados,
cuando del deber cumplido
los conocía apartados.
Es la madre sin descanso
que a penas se despereza
por la mañana temprano
implora el auxilio Divino
bien segura de encontrarlo.
Saca la silla a su hogaza,
y de los leños apagados,
sabe prender nuevas lumbres
y con ella cocinando,
prepara el cesto a sus hijos
que trajinan en el campo.
¡¡ Pero una noche!!
¡¡ Noche de dolor y llanto!!
Sintió la madre un desmayo:
Corrió un sudor por su rostro,
quedaron yertos sus labios.
Y haciendo un esfuerzo supremo
como quien busca un consuelo y un descanso,
murió la madre abrazada
a su vieja silla de esparto.
Ya escrita esta poesía, me gustaría compartir algo:
Ella formo parte siempre de mi vida, nunca la olvide,
aun que yo, tendría, unos 10 años cuando en mi colegio
me obligaron a recitarla en publico.
>Quizás fuera por que estaba dedicada a las madres>

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