viernes, 15 de julio de 2011

LA SILLA DE LA MADRE

        No esta tallada en caoba 
            ni esta forrada en damasco.
          Es una silla que tiene
         cuatro fuertes travesaños
         para poder resistir el peso de su trabajo. 

         ¡En la silla de la madre! 
         ni el padre por ser anciano,
         ni aun los hijos se sentaron.
         En aquella honrada casa
         la silla era un Sagrario.
         
         En ella durmió a sus hijos  
         al vaivén de su regazo.
         Zurce en ella su ropa 
         remienda en ella sus trapos
         y rodeada de sus hijos 
         en ella reza el Rosario.


         Y a los suyos daba en ella
         los consejos mas sagrados,
         cuando del deber cumplido
         los conocía apartados.
         Es la madre sin descanso
         que a penas se despereza
         por la mañana temprano
         implora el auxilio Divino
         bien segura de encontrarlo.


         Saca la silla a su hogaza,
         y de los leños apagados,
         sabe prender nuevas lumbres
         y con ella cocinando,
         prepara el cesto a sus hijos
         que trajinan en el campo.

         ¡¡ Pero una noche!!
         ¡¡ Noche de dolor y llanto!!

         Sintió la madre un desmayo:
         Corrió un sudor por su rostro,
         quedaron yertos sus labios.
         Y haciendo un esfuerzo supremo
         como quien busca un consuelo y un descanso,
         murió la madre abrazada
         a su vieja silla de esparto. 

Ya escrita esta poesía, me gustaría compartir algo:
Ella formo parte siempre de mi vida, nunca la olvide,
aun que yo, tendría,  unos 10 años cuando en mi colegio
me obligaron a recitarla en publico.

  >Quizás fuera por que estaba dedicada a las madres>